
Nunca un solo musical fue tan caro, nunca. Siempre se ha discutido por la calidad de Tejera o de Salteras, de Triana o de los “Armaos”, de las saetillas de silencio o de las escolanías de voces blancas. Siempre ha existido en nuestras cofradías una disyuntiva entre la calidad musical y el “parné” que hay que poner en “verea” para conseguirla.
El pasado Domingo de Ramos, mientras el Palio de la Candelaria estaba “arriao” y Curro se disponía a llamar su gente, una lágrima cayó sobre el manto de la Reina de San Francisco. Una lágrima derramada por Santa Cecilia, patrona de las liras y abadesa del gusto musical, la cual se revolvía desde el cielo al oír la afrenta a la cual se estaba sometiendo a los oídos de los allí congregados. Aún así, el hecho cercena la dignidad de algo que va más allá de lo estético, más allá de lo cultural, más allá de lo religioso incluso.
Las palabras solidaridad y respeto no son eslóganes o clichés patrimonio de los que llevan pañuelo palestino, camisetas del Ché y organizan festivales de cine gay.
La solidaridad con mayúsculas, no se escribe con S, se escribe con C de cofrade y C de cristiano... “Por sus actos los conoceréis”.
El solo de sirena nos cuesta a los cordobeses sesenta mil euros al año, que ni Tejera oigan. Y encima, si no te gusta…dos tazas, ratificación que te crió. Lo que yo le diga, un solo muy caro, demasiado caro.
Eloy Fernández Bretones.
Publicado por Diario Córdoba en su sección Cartas al Director del 19 de abril del 2008.
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