miércoles, 12 de noviembre de 2008

Palurdos y cosmopolitas




Redacto estas líneas tremendamente sorprendido por el análisis realizado por muchos medios españoles, ante la fulgurante victoria del senador Obama.
Efectivamente, se trata de un fenómeno sin igual e histórico y no voy a ser yo quien le quite el aliño al guiso. Pero si es cierto que muchos rotativos, editoriales y medios audiovisuales han presentado el voto demócrata como el cosmopolita, el que gravita sobre la Gran Manzana, Sojo, museos y óperas de la Roma del siglo XXI que es Nueva York.
Sin embargo han creado la falsa ilusión de darle una connotación negativa al voto republicano por ser el voto de los palurdos, de la USA profunda, de los “Jack”, los “Sam” y los “Tom”... de los tipos con camisa de rayas, rancho con molinillo de viento y un fusil colocado en el porche. De aquellos que no saben donde está España o quien era Hernán Cortés.
Todo eso no es más que una distorsión total de la realidad y una generalización intencionada para elevar el rango de “Pueblo” al orden más peyorativo de una forma descaradamente politizada.
Pues bien, analicemos pues a quien votan los palurdos españoles. En España se utiliza el voto del “Pueblo” como algo superior, como un grado elevado, como la quinta esencia de la democracia.
En España el voto popular, el voto palurdo de los “Pepes”, los “Pacos”, las “Juanis”...el voto de los jornaleros sin formación y que no saben donde está Washington o por donde pasa el río Missouri... todos esos votos son del PSOE. Pero claro, ese electorado si es válido y democrático.
Esta última afirmación es una generalización distorsionada por mí parte, porque no todos los palurdos votan PSOE, habrá algunos que voten PP e incluso Falange, y también hay catedráticos, ingenieros e intelectuales del “SOE”.
Pero oigan, hagan el favor de no tomarnos por mentecatos de tres al cuarto y respeten un poco a las mentes abiertas, equilibradas y ecuánimes. No traten de convencer a nadie de que los burros vuelan, porque lo único que consiguen es reafirmar más aún las convicciones de aquellos que están predeterminados a ello. Los que pensamos, seguiremos pensando y no habrá periódico, radio o “Granma” alguno que pueda cambiarnos.