
Después de tres décadas de sistema democrático en España, la actividad política se ha transformado de forma notable, depravándose y edulcorándose en los principios regios fundamentales que deberían hacerla navegar.
La responsabilidad del cargo público hacia el electorado, se ha difuminado paulatinamente, creándose una relación de paternalismo por parte de las instituciones, que convierten al ciudadano en un mendigo social anulándolo totalmente como individuo y convirtiéndolo en un mero espectador del panorama social.
Jean Jacques Rosseau, formuló el Contrato Social como un medio útil y válido para establecer una relación entre el pueblo y el gobernante. Una relación sujeta a una condición de reprocicidad indispensable e inviolable, porque el pueblo debería tener el derecho y el deber de elegir a sus gobernantes, y a su vez ejercer una labor de control hacia ellos. El gobernante tiene la obligación de cumplir con su parte del contrato, cumpliendo con su programa de gobierno y estableciendo las condiciones suficientes y necesarias para obtener el mayor grado de felicidad de los individuos. Si el gobernante incumpliera su parte del contrato, es el pueblo el encargado de restablecer la situación.
Por eso cuando ZP incumple ese gran Contrato que es nuestra Carta Magna, de forma clara y repetida debe, -como decía James Otis- apelar a la desobediencia civil. Cuando todos los ciudadanos somos iguales ante la ley, y el gobierno establece una ley especial para el sexo femenino, se debe apelar a la desobediencia civil. Cuando queda por evidente la protección a la propiedad privada, y se intentan promulgar leyes para intervenir en los bienes inmuebles, se debe apelar a la desobediencia civil. Cuando España es una nación aconfesional, en la cual cada individuo tiene total libertad para ejercer las acciones que dicten su conciencia, y se promulga una feroz e injustificada persecución religiosa estableciendo patrones de pensamiento unificados, se debe apelar a la desobediencia civil. Cuando en España el acceso a un empleo debería ser un derecho, y el Sr. Solbes en el mes de Marzo niega por sistema las evidencias de crisis a cambio de un puesto en la poltrona, paralizando toda clase de acciones preventivas, se debe de apelar a la desobediencia civil.
Zapatero ha roto el Contrato Social. Y ya que nunca dimitirá, es el pueblo el encargado de realizar el cambio.
Como dijo Abraham Lincoln: “ Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no engañarás a todo el mundo todo el tiempo”.