
Dijo una vez Churchill, cuando Chamberlain se portó como un corderito con Hitler, que Inglaterra había perdido el honor y no había conseguido eludir una guerra.
ETA desde su nacimiento ha jugado sus bazas con inteligencia, sabe perfectamente que ha conseguido, a lo largo de su ya dilatada trayectoria, elevar sus actos a un rango político y militar.
Si nos atenemos a la catadura moral e ideológica de los individuos que componen la banda y su entorno, no es en absoluto de extrañar los fines que persiguen. Lo lamentable del asunto es que los demócratas les hayamos seguido el juego desde el principio, unos por ingenuos y otros por intentar adquirir algún rédito político. El caso es que una banda de individuos de bajo nivel intelectual, con camisas de cuadros tipo leñador, herederos de la xenófoba y peligrosísima ideología del loco Sabino Arana, han conseguido lo que ningún grupo de presión haya conseguido en España a lo largo de su vasta historia.
La izquierda aberzale ha coronado el espacio político por la vía de la sangre y los demócratas lo hemos permitido. El modus operandi contra la banda no debe ser diferente al que se aplica con un tironero, un secuestrador del este o un peligroso maltratador de mujeres. En el estado liberal todos los hombres somos iguales ante la ley y el hecho de que un grupo de extorsionistas profesionales (no olvidemos que detrás de las ideologías de ETA hay negocios ilegales de altura) enarbolen su particular bandera de la libertad, no da pie a que se le puedan tender lazos de entendimiento.
Si pensamos así y me reitero, consciente o inconcientemente, los asesinos lo habrán conseguido, nos habrán alienado y acorderado como hizo Hitler con Chamberlain poniendo al parlamento más antiguo del mundo a merced de un loco. Indudablemente el tiempo le dio la razón a Churchill.
Es curioso, pero en esta España los que estamos del lado de la democracia y la libertad nos encontramos tremendamente acomplejados, de forma que la otra parte, el bando de los asesinos y los extorsionadores consigue su fin último, que no es otro que conseguir que sus actos tengan una validez practica, fagocitando de esta manera la fortaleza de la justicia. El estado de derecho no debe claudicar ante grupo o banda alguna, quedando solo una forma de eliminar el terrorismo, la ley. Mientras no seamos capaces de utilizarla por igual, nunca tendrá la utilidad y el calado suficiente para hacerla estandarte de la protección e igualdad verdadera de los ciudadanos.
Vaya por el guardia civil asesinado, ¡viva la Guardia Civil! ¡viva España!