
Nunca dudé de que el espacio económico se asemeja a un vasto pero sencillo compendio de recetas para paliar los males de la economía de mercado.
En los vademecums de farmacia, existen multitud de componentes para elaborar recetas que nos puedan ayudar para curar al enfermo.
En esta España actual el Médico es Zapatero y el farmacéutico es el Sr.Solbes, dupla la cual está siendo totalmente inoperante de cara a la toma de medidas para frenar esa enfermedad que está matando a un enfermo llamado España.
El problema es que el farmacéutico sabe perfectamente cual es la receta que hay que aplicar, pero el médico tiene un concepto totalmente diferente de medicina, que en caso de ZP son tratamientos puramente paliativos (que no curativos): socialismo, economía social y gasto público.
Reiterándome en el símil médico, he de decir que los únicos medicamentos que pueden curar a España a día de hoy parten de una farmacia muy antigua y a la vez poco conocida en países que han sufrido vaivenes autoritarios, pero a su vez muy efectiva.
La farmacia del Liberalismo: control del gasto público, recorte de la economía social, bajada de impuestos y abaratamiento del despido.
Control del gasto público porque la tesorería del Estado tiene que mantenerse suficientemente saneada para afrontar los pagos derivados de la pérdida de empleo, tanto a trabajadores como a sociedades.
Recorte de la economía social porque en el estado Liberal la generación de la riqueza se produce de forma espontánea, y solo en casos puntuales el Estado debe de destinar partidas para intentar paliar supuestas carencias que podrían ser solventadas mediante la potenciación del esfuerzo propio y su posterior recompensa en forma de salario.
Bajada de impuestos porque en la economía de mercado la cadena del consumo no se puede romper y para consumir el individuo debe de disponer de dinero, por lo que donde mejor está la moneda es en el bolsillo de la gente.
Y por último, abaratamiento del despido, y ahí si hay que subsanar las situaciones personales con intervención estatal, para una correcta y muy necesaria recomposición del mercado laboral.
Estas medidas no las he inventado yo (Dios me libre de decir tal aberración), ya las postularon los economistas clásicos y se encargaron de aplicar numerosos jefes de gobierno. Para muestra un botón, durante la crisis de los ochenta en USA, Ronald Reagan se sirvió de estas medidas para derrotar a un inoperante Carter y recomponer la situación económico-social del País.
Yo solo le pido a Dios, por el bien mío y del resto de los españoles, que o bien Zapatero se adhiera al uso de tan saludables medicamentos o que dentro de cuatro años cambien al matasanos por un médico especialista… en liberalismo claro.
En los vademecums de farmacia, existen multitud de componentes para elaborar recetas que nos puedan ayudar para curar al enfermo.
En esta España actual el Médico es Zapatero y el farmacéutico es el Sr.Solbes, dupla la cual está siendo totalmente inoperante de cara a la toma de medidas para frenar esa enfermedad que está matando a un enfermo llamado España.
El problema es que el farmacéutico sabe perfectamente cual es la receta que hay que aplicar, pero el médico tiene un concepto totalmente diferente de medicina, que en caso de ZP son tratamientos puramente paliativos (que no curativos): socialismo, economía social y gasto público.
Reiterándome en el símil médico, he de decir que los únicos medicamentos que pueden curar a España a día de hoy parten de una farmacia muy antigua y a la vez poco conocida en países que han sufrido vaivenes autoritarios, pero a su vez muy efectiva.
La farmacia del Liberalismo: control del gasto público, recorte de la economía social, bajada de impuestos y abaratamiento del despido.
Control del gasto público porque la tesorería del Estado tiene que mantenerse suficientemente saneada para afrontar los pagos derivados de la pérdida de empleo, tanto a trabajadores como a sociedades.
Recorte de la economía social porque en el estado Liberal la generación de la riqueza se produce de forma espontánea, y solo en casos puntuales el Estado debe de destinar partidas para intentar paliar supuestas carencias que podrían ser solventadas mediante la potenciación del esfuerzo propio y su posterior recompensa en forma de salario.
Bajada de impuestos porque en la economía de mercado la cadena del consumo no se puede romper y para consumir el individuo debe de disponer de dinero, por lo que donde mejor está la moneda es en el bolsillo de la gente.
Y por último, abaratamiento del despido, y ahí si hay que subsanar las situaciones personales con intervención estatal, para una correcta y muy necesaria recomposición del mercado laboral.
Estas medidas no las he inventado yo (Dios me libre de decir tal aberración), ya las postularon los economistas clásicos y se encargaron de aplicar numerosos jefes de gobierno. Para muestra un botón, durante la crisis de los ochenta en USA, Ronald Reagan se sirvió de estas medidas para derrotar a un inoperante Carter y recomponer la situación económico-social del País.
Yo solo le pido a Dios, por el bien mío y del resto de los españoles, que o bien Zapatero se adhiera al uso de tan saludables medicamentos o que dentro de cuatro años cambien al matasanos por un médico especialista… en liberalismo claro.