martes, 22 de abril de 2008

Adios a la Autoridad


Los últimos incidentes de Écija y de La Cañada Real no hacen más que confirmar las tesis de los expertos en la materia, la sociedad se ha descalzado de cualquier sentido de la autoridad. El sistema democrático no es más que un partido de fútbol, donde hay que saber gestionar los goles a favor y procurar que no te metan goles de manera que se pueda producir un resultado positivo. En su momento no se supo mantener la portería a cero y la Progresía nos metió una goleada en nuestro propio campo, una goleada de garantismo. El garantismo es el sistema de los sistemas débiles, el sistema de Papá Estado, el sistema de Estado con complejos en el cual se derrumban los fuertes pilares del sistema represivo y del consecuente respeto a la autoridad. Esto que escribo puede sonar a “Pimiento molido”, eso de Sistema Represivo puede interpretarse como tufillo a naftalina, gabardina gris y pelo abrillantinado. Nada más lejos de la realidad, los sistemas policiales occidentales son de carácter represivo, por el cual se producen una serie de acciones como respuesta al comportamiento de sus ciudadanos. Ese sistema se ha debilitado, no solo en el plano policial, en parte por la presión de los grupos de la Progresía y también por parte de los Demócratas que nos hemos dejado ganar la partida por miedo y complejos absurdos. Nos puede parecer increíble pero en otros países occidentales de mayor peso y tradición democrática que España, jamás consentirían que un puñado de salvajes la emprendieran con unos profesionales que se juegan la vida por el bien común y un sueldo modesto. Los cuerpos de Seguridad de esos países hubieran efectuado un ejercicio de fuerza, caiga quien caiga y nadie hubiera criticado la acción lo más mínimo.
En uno de estos países nunca se le retiraría la patria potestad a una madre por haberle dado un cachete a su hijo (menos aun en Gran Bretaña). En uno de esos países jamás se consentiría que actos violentos contra profesores y maestros quedaran impunes.
En España. País garantista de derechos por excelencia, el sentido del deber y el respeto a la autoridad han quedado arrumbiadas en una esquina del sótano. Debemos de reflexionar y darnos cuenta de que las causas son provocadas por nosotros mismos y sacar dichos valores por el bien de la perpetuación de los valores sociales.