
“Ser o no ser, esa es la cuestión” Ese era el dilema en el que se veía envuelto el príncipe Hamlet. Ser fiel a sus principios matando a Claudio, vengando así la muerte de su padre o por el contrario salvar su vida dejando la venganza a un lado.
En estos días de Cuaresma, este dilema debe atormentar la mente de muchos “Kofrades”.
Vasto conflicto interior debe suponer aceptar los preceptos de una Iglesia para algunos retrograda, corrupta y que nos esclaviza. Entrar de lleno en las consignas de un puñado de curas manipuladores y derrochones. Plegarse a los santos dogmas de la Inmaculada Concepción, la transustansación del Pan y el Vino, la Resurrección de la Carne…que para muchos no son más que supercherías y mentiras.
O bien abandonar todo ello, ¿pero cómo? ¡Olvidar marchas, flores, movimientos acompasados al son de la música, peroles de hermandad y demás acontecimientos! Mejor organizar el cambio silencioso desde dentro y convertir a las cofradías en peñas. Meras asociaciones, que en lugar de carrozas, sacan pasos con “muñequitos” y en vez de jugar al dominó, organizan conciertos de marchas.
Los cofrades (con C), debemos de imponernos sobre este pernicioso influjo, y no permitir que este fenómeno avance. No existe cofradía laica. Las cofradías, pese a quien pese, son organizaciones que se rigen por la obediencia a la Santa Iglesia Católica en pro de ensalzar la figura de Nuestro Señor Jesucristo y de su madre, María Santísima. Debemos pues, tomar la iniciativa de forma valiente y contundente matando al Rey Claudio, antes de que el honor nos sea aniquilado por completo. “Ser o no ser”. Yo prefiero ser. Ser cofrade de verdad.
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